Juan Topalian: “Al ver a mi hermano hacer los movimientos de los pasos, comencé a improvisar. Y sucedió algo mágico. En ese momento me sentí transportado a otra galaxia y flotaba en el aire al ritmo de la música de la orquesta de Canaro. Cuando terminó el tango, desperté a la realidad y aterricé nuevamente en el patio. A partir de ese día sigo bajo este hechizo y me mueve a contártelo porque creo que no lo he contado muchas veces en mi vida.”
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